todos los artículos
Eleonor Menchú ·

No ser técnico ya no es una excusa

El año pasado estuve en mi primera hackathon en las oficinas centrales de Cursor en San Francisco. Estaba aterrada. Mi equipo iba a participar en línea mientras yo estaba ahí, presencial… Mi mentalidad estaba atrapada en el miedo. Sentía que estaba “por detrás” de todas las personas cracks en la habitación, gente que trabaja en Amazon, Cursor, Shopify, Salesforce. Personas que dedicaron su carrera entera a la tecnología. Y yo ahí, guatemalteca de 21 años y no técnica, en la misma habitación compitiendo codo a codo, cargando ese estigma que tal vez todo latinoamericano ha sentido cuando va por primera vez a un evento internacional y es el único latino en el cuarto.

Mientras le comunicaba mi pánico al host del evento, me dijo algo que se quedó conmigo:

“No ser técnico ya no es una excusa para no construir.”

Después de ese comentario algo hizo click: por herramientas como Cursor, puedo/podemos estar en estos espacios que pensaba que eran inalcanzables o que no hacía fit. La tecnología democratizó el acceso. Ya no se trata de quién sabe programar, sino de quién tiene una idea y las ganas de materializarla rápido.

Hace solo unos cuantos años atrás esto no existía. Técnicos y no técnicos no podíamos estar construyendo al mismo nivel, ni MUCHO MENOS competir unos con los otros, simplemente no era posible. Hoy, cualquier persona con una idea y acceso a herramientas de AI puede crear proyectos que hace 4 años requerían equipos técnicos completos, código escrito a mano, implementación de bases de datos desde cero, todo. Hoy tenemos más poder que una empresa de 20 personas del pasado.

Esta transformación no es estructural. A través de mis roles como Impact Program Operations Manager en Core Code y al ser co-fundadora de We Solve, he visto de primera mano cómo la democratización de las herramientas de AI está redefiniendo quién puede construir tecnología y, más importante, quién puede liderar ecosistemas tech en mercados emergentes.

Lo que me parece más fascinante es la velocidad. En un fin de semana puedes aprender Cursor, Supabase, o cualquier tool y ship algo funcional. “No sé programar” solía ser una razón válida para no construir tech. Hoy es solo una excusa. Y no lo digo para minimizar el aprendizaje, claramente hay una curva. Pero esa curva es infinitamente más corta de lo que era antes. Las herramientas están ahí, accesibles, a $20 al mes. La pregunta ya no es si puedes aprender, sino qué tan rápido quieres aprender.

Esta es una lección que he llevado a través de múltiples roles: desde mi trabajo escalando programas educativos con instituciones como el Banco Industrial, hasta mi rol actual como Cursor Ambassador liderando una comunidad con mis amigos de 100+ miembros. El acceso a herramientas es solo el primer paso, lo que diferencia a quienes construyen de quienes no, es la velocidad de ejecución y la capacidad de iterar en público.

La tecnología no es solo para aprenderla, es para experimentarla y construir el mundo que queremos. Por ejemplo, las personas de Cursor construyeron un mundo nuevo para técnicos y no técnicos por igual. En We Solve, estamos haciendo algo similar pero enfocado en impacto social: conectando personas con problemas urgentes para facilitar colaboración y generar impacto medible. No se trata solo de construir un producto, se trata de construir un ecosistema completo donde founders, organizaciones y comunidades en América Latina puedan colaborar efectivamente.

Esta perspectiva viene de años trabajando en el ecosistema tech latinoamericano. He aprendido que el verdadero cambio no viene solo de tener acceso a tecnología, sino de construir las estructuras, partnerships y programas que permiten a otros construir también. Tú también puedes ser uno de ellos. Alguien que cambie el mundo, sin pedir permiso.

Aquí está el secreto que nadie te dice: ser founder o construir algo no requiere que seas el más técnico del cuarto. Requiere que seas el más tenaz. Es la capacidad de seguir dando pasos cuando tu cerebro te dice que no eres suficiente, cuando el proyecto no sale como esperabas, cuando parece que nadie está prestando atención. Porque eventualmente, si sigues siendo tenaz, alguien va a prestar atención. Eventualmente, el proyecto va a salir mejor. Eventualmente, vas a estar del otro lado ayudando a la próxima persona que siente exactamente lo que tú sentiste. Soñar en grande significa dar pasos pequeños, consistentemente, sin parar.

Ir a una hackathon, un meetup, o un evento en general. Lo que realmente importa es qué haces después, recomiendo:

  • Conectar con personas. Mentores, organizadores, sponsors, otros builders. Mantén el contacto donde ambos aporten valor. Si hacen match, hagan check-ins regulares para crecer juntos. Siempre se trata de crear valor mutuo y sostenerlo en el tiempo. La comunidad es todo en este camino.

  • Seguir creando. Si construyes algo que te entusiasma, no pares ahí. Perfecciónalo. Compártelo en tus redes. Crea en público. Falla en público.

  • Buscar recursos. Si te encantó alguna herramienta, habla con los sponsors/organizadores sobre programas de financiamiento, etc.

  • Compartir lo que aprendes. En qué fallaste, qué funcionó, cómo lo implementarás en tu siguiente idea. Esto no solo te ayuda a procesar sino que inspira a otros que están donde tú estabas.

Construir es el nuevo permiso

Vivimos en un momento histórico donde puedes construir cosas que impacten a tu comunidad, tu país, el mundo, sin esperar que alguien te dé permiso. No necesitas el título perfecto. No necesitas años de experiencia. No necesitas ser técnico. Solo necesitas curiosidad, tenacidad, y las ganas de aprender rápido.

El mundo se está construyendo ahora mismo, con o sin ti. La pregunta es: ¿vas a quedarte viendo o vas a ser parte de quienes lo construyen?

Porque ya tienes todo lo que necesitas para empezar.

Si quieres saber más de We Solve o quieres colaborar para ayudarnos a ship más rápido esta iniciativa, conectemos:

Conectar con la autora

LinkedIn · Eleonor Menchú